Diurético, antioxidante... cuando el té se convierte en medicina natural


En total, 1.500 millones. Al día y en todo el mundo. Hablamos, de forma aproximada, del número de tazas de té que en sólo 24 horas son degustadas a lo largo y ancho del planeta (de hecho, se trata de la bebida más consumida, sólo superada por el agua). Pero... ¿por qué tanta popularidad? Pues bien, más allá de su sabor, el consumo de esta milenaria planta empezó a extenderse gracias a sus efectos positivos para el organismo.

Los primeros en descubrirlos fueron los chinos (es en China donde comienza a tomarse té hacia el año 3.000 a.C), quienes pronto percibieron en él beneficios como disminución de la fatiga y una cierta capacidad para ayudar a mantener la mente despierta. También el mundo musulmán comenzó pronto a infusionarlo y usarlo, paradójicamente, como bebida refrescante (la infusión calienta el organismo y causa una rápida evaporación de la humedad de la piel, fenómeno que contribuye a eliminar la sensación de calor).

Muchísimos años después llegaron los estudios científicos para avalar estas propiedades y descubrirnos otras nuevas. Así, de forma genérica y siempre teniendo en cuenta que el consumo del té debe producirse de forma moderada, podemos destacar los siguientes beneficios:

  • Es astringente.
  • Ayuda a prevenir la arteriosclerosis.

  • Ayuda a evitar las infecciones.

  • Es muy rico en antioxidantes (que previenen el antienvejecimiento).

  • Puede ayudar a recudir el colesterol.

  • Facilita la eliminación de grasas (en especial el té rojo conocido, como ‘quemagrasas’).

  • Es diurético.

  • Ayuda a prevenir algunos tipos de cáncer y disminuye el riesgo de enfermedades coronarias.

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